Carta a Jorge Luis Borges

Buenos Aires,  1985

Saludos mi querido Jorge Luis Borges.

 

Escuchando Madame Butterfly disfruto de tus versos en especial de esta estrofa de tu poema Ausencia una de tus mejores obras.

 

Habré de levantar la vasta vida 
que aún ahora es tu espejo: 
cada mañana habré de reconstruirla. 
Desde que te alejaste, 
cuántos lugares se han tornado vanos 
y sin sentido, iguales 
a luces en el día. 

 

El verano desespera a los pájaros y deja una estela de sofocación que impregna la ciudad.

Es indudable que te has convertido en una de las más destacadas figuras literarias del siglo XX. La valoración de tu obra precisa comprender la visión de mundo que subyace en tus escritos. Tus tópicos periódicos, carácter aparente de la realidad, revelación, orden y caos, anverso y reverso, laberinto, mundo como sueño de Alguien, violencia, coraje, venganza, no sólo son ideas alucinantes que no abandonan tu obra; son imágenes reiteradas en su ficción que apuntan a un conflicto vital profundo.

La historia que circunda a tu bella Argentina la llevas en la sangre. Procedes de una familia de próceres que contribuyeron a la independencia del país. Tu antepasado, el coronel Isidro Suárez, había guiado a sus tropas a la victoria en la mítica batalla de Junín; Tu abuelo Francisco Borges también había alcanzado el rango de coronel. Pero tu padre, Jorge Luis Haslam hizo algo completamente distinto,  trabajó como profesor de psicología e inglés. Tu infancia junto a tu hermana Norah transcurrió en el barrio de Palermo, donde comenzó a moldearse tu personalidad de escritor.

Durante tu infancia aprendes inglés de la mano de tu abuela Fanny Haslam. Con escasamente seis años ya manifestabas tus deseos de ser escritor.  Es increíble que inspirándote en un pasaje de Don Quijote escribieras tu primera fábula, la titulaste La visera fatal. A los diez años comenzaste a publicar, pero esta vez no una composición propia, sino una lustrosa traducción al castellano de El príncipe feliz de Oscar Wilde.

Tener una visión panorámica de tu lenguaje y de tu mundo es algo complejo, mostrar de qué manera utilizas el lenguaje en beneficio de la imagen, explicar de qué forma calzas sus estructuras lingüísticas, señalar cómo tus personajes de ficción se despliegan en un mundo enigmático, secreto, laberíntico, dar a conocer cuál es la angustiosa realidad que rodea a sus seres y analizar cómo se cumplen las perspectivas temáticas desde las cuales creas los personajes, en cuanto seres individuales, únicos, irrepetibles, singulares; y, en cuanto seres universales, especulares, arquetípicos, repetitivos, cíclicos.

La difícil situación económica de tu familia obligó a tu padre a buscar nuevos horizontes y decide trasladarlos primero a  París, luego a Milán y Venecia, hasta que decide radicarlos  definitivamente en Suiza, de inmediato estalló la Primera Guerra Mundial.

Eras entonces un adolescente que leías con mucho interés las obras de escritores franceses, desde los clásicos como Voltaire o Víctor Hugo hasta los simbolistas, descubriste extasiado el expresionismo alemán, por lo que te dedicas a aprender el idioma interpretando por tu cuenta la inquietante novela de Gustav Meyrink, El golem.

Te interesas por los autores en lengua española como José Hernández, Leopoldo Lugones y Evaristo Carriego y al año siguiente la familia pasa a residir en España, primero en Barcelona y luego en Mallorca, compones unos versos, nunca publicados, en los que exaltas la revolución soviética y que titulas Salmos rojos. En Madrid  conoces a Valle Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Ortega y Gasset, a Ramón Gómez de la Serna y a Gerardo Diego. Gracias a tus traducciones, fueron conocidos en España los poetas expresionistas alemanes. Regresas Argentina con tu investidura de escritor.

En Buenos Aires, creas con otros jóvenes la revista Prismas y, más tarde, la revista Proa; firmas el primer manifiesto ultraísta argentino, y, tras un segundo viaje a Europa, publicas tu primer libro de poemas Fervor de Buenos Aires. Las siguientes publicaciones: Como Luna de enfrenteCuaderno San Martín, de ensayos como: InquisicionesEl tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos, fueron obras de gran aceptación y un éxito avasallante. Como Luna de enfrente es un libro de hermosa grafía.

Pocos escritores hispanoamericanos con la excepción de Darío, han recibido la atención que la crítica ha otorgado a tus obras, y ninguno dentro de las literaturas hispánicas ha despertado tanto interés en centros de estudios y lectores de habla española. Se escribe cuantiosamente sobre tu obra y es natural que una obra tan concienzudamente estudiada se resista a resúmenes totalizantes.

Tu coronación internacional no llegaría hasta muchos años después. Mientras, ejerces asiduamente la crítica literaria, traduces con minuciosidad a Virginia Woolf, a Henri Michaux y a William Faulkner y publicas antologías con tus amigos. Al fallecer tu padre comienzas a trabajar como bibliotecario en las afueras de Buenos Aires; durante las navidades de ese mismo año se recuerda el grave accidente a causa de tu falta de visión, situación que emporaría con el correr de los años. Al agudizarse tu ceguera, deberás resignarte a dictar tus cuentos fantásticos y desde entonces requerirás permanentemente de la ayuda de tu madre y de tus amigos para poder escribir. El mismo año que asistes como testigo a la boda de tu buen amigo Silvina Ocampo y Bioy Casares, publica con ellos una espléndida Antología de la literatura fantástica, y al año siguiente una Antología poética argentina. Bioy Casares y tú se esconden bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq escriben unos cuentos policiales que titulan Seis problemas para don Isidro Parodi. Sin embargo, su creación narrativa no obtiene por el momento el éxito deseado, e incluso fracasas al presentarte al Premio Nacional de Literatura con tus cuentos recogidos en el volumen El jardín de los senderos que se bifurcan, los cuales se incorporarán luego a uno de tus más célebres libros, Ficciones.

Analizando la duda a la ambigüedad y viceversa que caracteriza toda tu obra, se denota que practicas la indeterminación a nivel de escritura y no elaboras la materia literaria como reflejo fiel de la realidad. Trabajas con la técnica de la duda sistemática que dejas en suspenso y perplejo al lector. Tus relatos recrean un espacio donde dominas la ambigüedad que abre el texto a diversas posibilidades de lectura e interpretación.

Dos son las etapas que se pueden distinguir en tu producción lirica, la primera donde te asocias a la estética ultraísta y en segundo lugar, después de treinta años de silencio poético, una atapa de poesía más concentrada e intimista.

En 1945 llega el peronismo en Argentina, y tu madre Leonor y tu hermana Norah son detenidas por hacer declaraciones contra el nuevo régimen, habrán de arrastrar, como escribiste muchos años después, una "prisión valerosa, cuando tantos hombres callábamos", a causa de haber firmado manifiestos antiperonistas, el gobierno te excluye de tu puesto de bibliotecario y te nombra inspector de aves y conejos en los mercados, de inmediato renunciaste y pasas a ser conferencista.

La policía tomo interés cuando la Sociedad Argentina de Escritores te nombró su presidente, el gobierno sabía de lo notorio de su oposición al nuevo régimen. En esos tiempos difíciles  públicas tu libro más difundido y original, El Aleph.

Según la crítica tú obra El Aleph es el libro de cuentos más importante de tu anaquel. Sus textos hacen uso de un cúmulo de fuentes y bibliografías, y mediante ellas rehaces los mitos y las metáforas de la tradición literaria. Aquí comienza un marcado distanciamiento al estilo de tu colección anterior de cuentos Ficciones, aunque mantienes tu misma forma sobria y perfeccionista, se trata de otra serie de sucesos u objetos sorprendentes, enmarcados en un ambiente realista que sirve para resaltar su condición prodigiosa. Así como los cuentos de Ficciones descubren mundos enteros que son improbables, los cuentos de El Aleph revelan aberturas en la lógica de la realidad, muestran con quimera secreta y oculta, que aunque es más visible en cuentos como El Zahir, La escritura del Dios o El Aleph, también está presente, de una forma más etérea en otros realmente más realistas como Emma Zunz y El muerto.

Gracias a tu prestigio alcanzado internacionalmente el gobierno te designa director de la Biblioteca Nacional e ingresas en la Academia Argentina de las Letras. Llegan los reconocimientos públicos: Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cuyo, Premio Nacional de Literatura, Premio Internacional de Literatura Formentor, que comparte con Samuel Beckett, Comendador de las Artes y de las Letras en Francia, Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina, Premio Interamericano Ciudad de Sao Paulo, entre muchos otros. Contraes nupcias con una antigua amiga de tu juventud, Elsa Astete Millán, no sería tu única moda ya que al terminar, octogenario formalizas un nuevo enlace con María Kodama tu secretaria y mayor apoyo, de origen japonés y mucho menor que tú y la que sería tu heredera universal.

Las últimas bofetadas políticas llegaron con el renovado triunfo electoral del peronismo en 1974, de nuevo eres despojado de tu cargo en la Biblioteca Nacional y excluido de la vida cultural porteña. Cuando el peronismo fue derrocado por la Junta Militar, celebraste con euforia pero luego al descubrir que la situación política era mucho más grave, te arrepentiste al saber de la implacable represión de Videla que comenzó a cobrarse numerosas víctimas y empezaron a proliferar los "desaparecidos" entre los escritores. En compañía de Ernesto Sábato y otros literatos, te entrevistaste ese mismo año de 1976 con el dictador para conocer del paradero de tus colegas "desaparecidos". Tu apoyo inicial a la Junta Militar te había granjeado las más firmes enemistades en Europa, hasta el punto de que un académico sueco, Artur Ludkvist, manifestó públicamente que jamás recaería el Premio Nobel de Literatura sobre ti por razones políticas. Pese a que los académicos se mantuvieron pertinaces y tenaces durante la última década de vida del escritor, se alzaron voces, cada vez más nutridas, denunciando que esa actitud viciaba el espíritu del más preciado premio literario. Todos estaban claros que nadie con más ecuanimidad que tú lo merecía y que era la Academia Sueca quien se deshonraba con su postura. La concesión del Premio Cervantes en 1979 te compensó en parte este agravio. En cualquier caso, durante sus últimos días recorriste el mundo siendo aclamado por fin como lo que siempre has sido, algo tan franco y extraordinario como un "maestro".

Eres sin duda el escritor argentino con mayor influencia universal. Se hace prácticamente inadmisible pensar la literatura del siglo XX sin tu presencia, y así lo han reconocido no sólo la crítica especializada sino además las diversas generaciones de escritores, que vuelven con insistencia sobre tus páginas como si éstas fueran canteras inextinguibles del arte de escribir. Fuiste el creador de una cosmovisión muy singular, sostenida sobre un original modo de entender conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. Tus narraciones y ensayos se nutren de complejas simbologías y de una poderosa erudición, producto de tu reiteración de las diversas literaturas europeas, en especial la anglosajona, William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad son referencias permanentes en tu obra, además de tu conocimiento de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la filosofía. Tu riguroso formalismo, que se constata en la ordenada y precisa construcción de sus ficciones, te permitió combinar esa gran variedad de elementos sin que ninguno de ellos desafinara.

Soy una admiradora de toda tu obra la que he leído en buena parte, pero tu ensayo  Evaristo Carriego es de una finura y consistencia especial, una biografía del poeta popular que da título al libro. Se soporta en la invención y narración de diferentes mitologías porteñas, como en la poética descripción del barrio de Palermo. Evaristo Carriego no responde a la estructura tradicional de las presentaciones biográficas, sino que se sirve de la figura del poeta elegido para presentar nuevas e inéditas visiones de lo urbano, como se manifiesta en capítulos tales como "Las inscripciones de los carros" o "Historia del tango". Discusión, es un libro que reúne una serie de ensayos en los que se pone de manifiesto no sólo tu perspicacia crítica sino además tu tonelaje en el arte de emocionar los conceptos tradicionales de la filosofía y la literatura. Además de las páginas dedicadas al análisis de la poesía gauchesca, esta obra integra capítulos que han servido como venero de asuntos de reflexión para los escritores argentinos, tales como "El escritor argentino y la tradición", "El arte narrativo y la magia" o "La supersticiosa ética del lector".

Historia universal de la infamia, es una prosa narrativa maravillosa de donde se desprenden cuentos de exquisita finura. Es una de mis obras preferidas.

Libros como el Hacedor, Historia de la eternidad, Artificios, que incluye tu célebre cuento "La muerte y la brújula", son una muestra de tu inagotable capacidad creadora e intelectual. Obras compuestas con la maestría adquirida por los años y tus constantes lecturas e investigaciones.

También hay un buen número de volúmenes escritos en colaboración, tanto dedicados a la ficción como al ensayo. Engrosan el caudal de tus escritos una gran cantidad de notas de crítica bibliográfica y comentarios de literatura, aparecidos en diferentes publicaciones habituales argentinas y extranjeras, además de conferencias y entrevistas en las que extendiste con inteligencia y sátira tus puntos de vista. Se trata de una parte de tu obra que, casi a la misma altura que tus libros considerados los más importantes, ha sido objeto repetido de comentario y estudio por parte de la crítica y de numerosas compilaciones.

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

Espero los años hayan cambiado esa idea de no ser feliz.

Un abrazo como siempre mi querido Jorge.

Atentamente.-

Fenicia Ronquiliu.


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